Un año más celebramos nuestro aniversario en Italia. En este caso nos decantamos por explorar la Costa Amalfitana y Nápoles durante una semana.
La Costa Amalfitana, una de las zonas costeras más bellas de Europa, es una extensión de unos 50 km a lo largo del borde de la península Sorrentina de Italia, en la región de Campania, entre el Golfo de Nápoles y el Golfo de Salerno. Incluye hermosos pueblos como: Sorrento, Positano, Furore, Praiano, Amalfi, Atrani, Ravello, Minori, Maiori, Cetara y Vietri Sul Mare, entre otros.
La llamada “Costa Divina” o “Costa de las Sirenas” está incluida en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1997, como ejemplo perfecto de paisaje mediterráneo de gran valor cultural y natural. Cuenta la leyenda que la sirena Parténope, cuyo canto hipnotizaba a los marineros, intento seducir a Ulises quien se ató al mastín de su barco para no caer en sus redes. La sirena al sentirse ignorada y rechazada se suicidó lanzándose al agua. Las olas arrastraron su cuerpo inerte hasta el golfo de Nápoles, donde los locales la enterraron con honores y su silueta yacente dibujó la geografía de la costa y la península.
La Costa Amalfitana es un destino precioso con acantilados verticales al azul mar Tirreno, una ribera accidentada con pequeñas playas de arena oscura, villas pesqueras de colores pasteles, viñedos en terrazas y limonares. La carretera de la costa, trazada entre las empinadas montañas por el lado de tierra y acantilados cortados a pico hacia el mar, es sinuosa, con curvas pronunciadas que ofrecen una vista espectacular en cada giro, lo que la ha llevado a definirla como una de las carreteras costeras más bonita del mundo.
Volamos de Madrid a Roma y allí alquilamos un coche, que nos lleva a nuestro primer punto de la costa, Sorrento, en 3 horas. Todas las recomendaciones sobre hoteles, aparcamientos e informaciones variadas las encontrarás al final del post en “Los Consejos de Alberto”
Sorrento es la puerta de entrada a la maravillosa Costa Amalfitana, y el pueblo más grande de la zona. Situado en la punta de la península sorrentina se extiende sobre una gran terraza de piedra con vistas al Golfo de Nápoles, entre calles estrechas y pintorescas, así como paisajes únicos de estilo mediterráneo. Es la cuna del “Limoncello”, el famoso licor italiano elaborado con los grandes limones locales de la región.
Nos alojamos 2 noches en el Hostel & Glamping Santa Fortunata, un precioso camping en plena naturaleza, en una coqueta casita de madera con vistas a los acantilados de Sorrento y frente al volcán del Vesubio.
El camping tiene una playa rocosa privada, así como una piscina y todo tipo de servicios. Además tiene un transfer que te lleva y te trae a Sorrento cada media hora, para no tener que mover el coche.
El casco antiguo de Sorrento esta muy concentrado y se recorre fácilmente a pie. Comenzamos desde la Piazza Tasso, plaza principal de Sorrento y puerta de entrada al centro histórico, presidida por una estatua de San Antonino (patrón de la ciudad) y otra del poeta renacentista Torquato Tasso, nacido en este pueblo, y que da nombre a la plaza. El lugar es amplio, colorido y pintoresco, siempre está lleno de vida, y alberga los restaurantes históricos de la ciudad, algunos de ellos muy chic.
En una de sus salidas se puede admirar una de las panorámicas más famosas de Sorrento, desde la serpenteante Vía Luigi De Maio que baja por un profundo desfiladero hacia el puerto. Además en la misma plaza se encuentra el Santuario del Carmine con una fachada de estilo barroco de color amarillo, y un interior bastante cuidado con bonitos frescos. Desde aquí sale un tren turístico que te lleva hasta el pintoresco puerto de Marina Picola, aunque también tienes la opción de hacerlo bajando por unas largas escaleras.
En la parte trasera de la Piazza Tasso encontramos el Vallone dei Mulini, un pequeño valle verde que debe su nombre a la presencia de un antiguo molino que se utilizaba para moler el trigo. El lugar se originó hace unos 37.000 años, cuando se produjo una erupción volcánica que produjo una enorme grieta en la roca. El molino fue construido en el siglo XVII para aprovechar las aguas del torrente que llegaban al valle. Los lados de la garganta de piedra fueron probablemente excavados para obtener de la piedra de toba, material de construcción para muchos de los edificios de la región. A principios del siglo XX el molino se abandonó, cubriendo gradualmente el lugar de vegetación, lo que le da un encanto mágico.
A 4 minutos llegamos a la Basílica de San Antonino Abad, dedicada al patrón de la ciudad y por lo tanto, una de las más importantes de la ciudad. Su fachada de estilo románico es bastante austera, pero el interior alberga impresionantes columnas de mármol y frescos. Como curiosidad, en la entrada se encuentran los huesos de una ballena que, según la leyenda, pertenecen al animal que quiso tragar a un niño, y fue salvado por San Antonio. La entrada es gratuita y el horario es de lunes a sábado de 8:00 a 12:00 y de 16:00 a 18:30, excepto domingos.
Muy cerca, en el corazón de la ciudad, descubrimos un particular edificio medieval del siglo XIV, el Sedil Dominova, con una imponente cúpula, pórtico con arcos de medio punto y frescos, muy bien conservados. El edificio fue durante 4 siglos el lugar de reunión de los nobles sorrentinos. Desde 1877 alberga la “Società Operaia di Mutuo Soccorso”, dedicada al bienestar de los trabajadores. A pocos metros se encuentra la Torre del Campanario de la Catedral de Sorrento con un estilo completamente distinto a la catedral. Tiene su origen en el siglo XI y es uno de los edificios más coloridos y bonitos que ver en Sorrento.
En la avenida principal, llegamos a la Catedral de Sorrento, dedicada a los santos Felipe y Santiago. Se comenzó a construir en el siglo X, y fue reformada en el siglo XV, en estilo románico. El templo sorprende por su modesto exterior que da paso a una impresionante nave interior decorada con grandes arcos y columnas, magníficas pinturas, altares de mármol y numerosas capillas. Abre de 08:00 a 12:30 y de 16:30 a 21:00 horas, y la entrada es gratuita.
A 4 minutos de la catedral llegamos a la Piazza della Vittoria, una amplia plaza donde se encuentran el monumento a los caídos en la guerra, un bonito palacio y uno de los miradores más hermosos de la ciudad que ofrece una excelente panorámica del Golfo de Nápoles, de la Marina Piccola y de las playas de Sorrento. Muy cerca descubrimos el famoso Mural Sorrento Art realizado por el conocido artista callejero Tvboy, dedicado a a tres importantes personalidades italianas Lucio Battisti, Enrico Caruso y Sophia Loren. La verdad es que la pasión de los italianos de la zona por Sofia Loren es increíble.
Frente al mural se encuentra la Iglesia y el Claustro de San Francesco, construidos sobre los restos de un antiguo monasterio del siglo VII. El claustro es un remanso de paz en el que se mezclan varios estilos arquitectónicos entre vegetación. Merece la pena, también, acceder a la iglesia por una puerta de madera del siglo XVI para contemplar sus frescos y obras de arte. Actualmente se utiliza como lugar de exposiciones, conciertos de música clásica y otros eventos. Abre de 07:00 a 19:00 horas y la entrada es gratuita.
Muy cerca, situado al borde de un acantilado está la Villa Comunal de Sorrento, llamado también “el Balcón de Sorrento”, un precioso parque, que antiguamente fueron jardines pertenecientes a los frailes franciscanos. El concurrido parque es uno de los mejores miradores para contemplar unas vistas inolvidables del Golfo de Nápoles y el Vesubio, especialmente al atardecer. Allí se encuentran las antiguas escaleras que llevan a la zona de playa, donde se encuentran todos los “lidos”, es decir, las playas de Sorrento. Se puede subir y bajar en ascensor.
Aunque Sorrento no destaca por sus amplias y bonitas playas, si que existen algunos puntos donde es posible disfrutar de un día de mar. La mayoría de las áreas adaptadas para el baño son privadas y para poder disfrutar del agua, hay que pagar el alquiler de una tumbona o una silla.
A 5 minutos bordeando toda la zona de casetas de la Playa Leonelli’s llegamos a la Marina Piccola, el puerto más importante de Sorrento construido en una bonita ensenada. El paisaje en este punto es realmente imponente, pues la mezcla entre grandes edificios, roca y vegetación te deja sin palabras. Además, desde el puerto zarpan los barcos para conocer los alrededores de Sorrento e ir a Positano, Amalfi y la isla de Capri. También aquí se encuentra uno de los mejores lugares donde aparcar en Sorrento, eso sí, de pago.
Caminando 15 minutos se llega a puerto de pescadores, Marina Grande que conserva el encanto de antaño con las antiguas casas coloreadas de pescadores y sus pequeñas barcas reposando en sus tranquilas aguas. En el pequeño puerto también se encuentra la playa libre más conocida de Sorrento, donde poder darte un chapuzón gratis. Es recomendable pasear por la pequeña pasarela que se adentra en el mar, para contemplar mejor las vista de las murallas y los acantilados de Sorrento.
Conectando la Marina Grande con el centro histórico de Sorrento, se encuentran los que en italiano se conocen como “i gradoni del 500” o las Escaleras de la Marina Grande, uno de los símbolo de Sorrento. Se trata de un histórico camino de escaleras de piedra medieval bajo un arco denominado “Griego” desde el que se aprecian unas bonitas vistas, tanto del puerto con sus casas de colores, como del mar y las montañas que lo rodean. El camino se levantó probablemente en el siglo XV y sería antiguamente el único acceso a la ciudad de Sorrento desde el mar. Estas escaleras son famosas gracias a Sofia Loren, cuando grabó en 1955 la película “Pan, amor y…” en Sorrento. Se tarda en llegar al centro del pueblo unos 18 minutos. Desgraciadamente no nos dio tiempo a realizar la caminata, ya que se nos hizo de noche.
Adjunto el mapa con toda la ruta que hicimos por Sorrento.
Al día siguiente decidimos conocer Capri. Aunque se puede ir fácilmente en ferry desde el puerto de Sorrento, Marina Piccola, nosotros lo hicimos en una excursión organizada con el hotel saliendo en barco desde Marina della Lobra, un pintoresco y tranquilo puerto pesquero tradicional situado en el municipio de Massa Lubrense, muy cerca de la ciudad de Sorrento.
Navegando durante unos 40 minutos llegamos a la isla de Capri, conocida como la joya del Tirreno. Ubicada al sur del golfo de Nápoles, frente a Sorrento, Capri enamora a primera vista por las playas de aguas turquesas, los antiguos puertos de pescadores, los fantásticos paisajes costeros de acantilados y su deliciosa gastronomía.
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Al día siguiente salimos muy temprano de Sorrento hacia Positano, a 17 km. Es el pueblo más fotogénico de la Costa Amalfitana, con un coqueto centro histórico, repleto de callejones estrechos con infinidad de tiendas de souvenirs, restaurantes y heladerías. El pueblo está construido literalmente de manera vertical, con las casas una sobre las otras, casi perpendiculares al mar sobre el acantilado. Es conocido como “el pueblo de las escaleras”, dada la gran cantidad que hay que subir y bajar para visitarlo. Nosotros dedicamos una mañana a verlo, programando una ruta de unas 4 horas.
Aparcar en Positano es tarea imposible. En un principio habíamos pensado dejar el coche en un parking privado cerca del casco antiguo, pero al entrar al pueblo, en la parte alta, cerca de la Iglesia Nueva, encontramos sitio en la zonal azul. Esto fue bueno y regular: bueno porque nos ahorramos las altas cuotas de los Parking, y regular porque recorrimos unas 1000 escaleras entre la ida y la vuelta. Eso si, la caminata valió la pena porque pudimos contemplar unas vistas y rincones del pueblo maravillosos.
La Iglesia Nueva, situada en la parte alta del pueblo, como ya he mencionado, está dedicada a la Virgen de Gracia. Destaca por su cúpula y su campanario de estilo barroco (siglo XVIII).
Vamos bajando entre estrechas calles escalonadas y la serpenteante carretera principal que recorre el pueblo contemplando unas impresionantes vistas hasta llegar al centro del pueblo, donde se encuentran numerosos parking privados, antes de llegar a la zona peatonal. Más adelante, en Los Consejos de Alberto te damos mas información al respecto.
Llegamos a la Piazza dei Mulini, el animado centro neurálgico y punto de encuentro principal del pueblo, que funciona como el cruce de caminos donde empieza la zona peatonal que baja hacia el mar. Las estrechísimas calles están repletas de tiendas y restaurantes turísticos.
En la misma plaza subimos por unas empinadas escaleras hacia la Via Cristoforo Colombo, donde se puede apreciar la vista panorámica clásica de Positano, con sus casas en terrazas y la iglesia de Santa Maria Assunta en primer plano. Desde este mirador se ven las pequeñas islas Li Galli, donde la mitología ubica la isla de las sirenas de la que habló Ulises.
Retrocedemos hacia la Vía dei Mulini hasta llegar a la Iglesia de Santa Maria Assunta, la mas importante de Positano, reconocible por su distintiva cúpula de mayólica, revestida de miles de brillantes azulejos de colores amarillo, verde y azul. La Iglesia se remonta al siglo X, aunque se cree que la estructura actual fue construida en el siglo XIII. Tras numerosas restauraciones en la actualidad combina elementos de estilo románico, gótico y barroco. Entre las obras de arte más conocidas que alberga la iglesia se encuentra el ícono bizantino de la Madonna Nera (Virgen Negra), que data del siglo XIII. Según la leyenda, la obra fue robada de Constantinopla por piratas llegando a Positano cuando una tormenta obligó al barco a buscar refugio en la costa. Los marineros escucharon una voz que decía “Posa, posa” (detente, detente), lo que les hizo creer que la Virgen quería permanecer en el pueblo. Desde entonces, el ícono ha sido objeto de devoción y se cree que protege a Positano y sus habitantes. También existen numerosas piezas artísticas en esta iglesia, como el santuario de San Vito, una de las creaciones más destacadas de la orfebrería napolitana. Además, en la capilla de San Esteban, se encuentra una escultura de madera que representa a la Virgen con el Niño. La entrada es gratuita, y el horario de 09:00 a 12:00 y de 16:00 a 20:00. Al lado de la iglesia se ubica el campanario, edificado en 1707. En su centro presenta un relieve medieval que ilustra una criatura marina compuesta por un pez y un zorro.
A 2 minutos de la iglesia llegamos a la Spiaggia Grande una de las playas más coloridas e icónicas de la Costa Amalfitana, repleta de sombrillas brillantes. Uno de los grandes atractivos de Playa Grande no está solo en el mar, sino en la vista hacia el propio Positano. Te recomiendo bajar a la orilla y darte la vuelta por el paseo marítimo para contemplar las casas escalonadas de colores que parecen precipitarse ladera abajo hasta el paseo marítimo. La playa también alberga el puerto principal de Positano, que sirve tanto para tours en barco privados como para ferris públicos.
Desde la playa grande se puede hacer un paseo de 15 minutos hasta la Playa del Fornillo, por un sendero peatonal panorámico esculpido en la roca que permite contemplar las históricas torres sarracenas defensivas de Positano. Estas fortalezas se construyeron a lo largo del litoral italiano durante la Edad Media para protegerse de los piratas sarracenos, que durante muchos años atacaban pueblos y barcos cristianos para obtener botín, esclavos o pedir rescates.
Volvemos al puerto, y de allí regresamos a la parte alta de Positano para recoger el coche. Fueron 15 minutos de subida de empinadas escaleras que nos dejaron sin aliento, pero con una agradable sensación, ya que cada paso es un descubrimiento. Afortunadamente pudimos disfrutar de un delicioso helado de sorbete de limón para coger energía.
Adjunto el mapa con nuestra ruta por Positano.
Según nos alejábamos de Positano paramos en un mirador para contemplar desde otro ángulo, las fantásticas vistas del mar Tirreno y el pueblo enclavado en el acantilado. Una verdadera fantasía!
A muy pocos kilómetros, pudimos contemplar las encantadoras vistas de otro pueblo de la Costa Amafaltina, Praiano.
En las afueras, siguiendo por la carretera, hicimos una parada en Marina di Praia, una pequeña y pintoresca cala de aguijaros situada en una garganta estrecha y profunda rodeada de roca caliza, con aguas cristalinas de color turquesa. En un extremo se alza una antigua torre sarracena medieval junto a un sendero excavado en la roca. Se accede a la cala bajando escaleras y caminos empinados desde el pueblo de Praiano, o bien por carretera con opciones de aparcamiento muy limitadas en temporada alta.
A escasos kilómetros llegamos a un lugar espectacularmente mágico, el Fiordo de Furore. Se encuentra justo debajo de la carretera estatal SS163, en una profunda brecha tallada por el río Skiato. No hay aparcamiento, se puede intentar aparcar el coche en el arcén con cuidado, en una zona sin curvas, y muy poco tiempo. Nosotros tuvimos la suerte de poder aparcar a unos metros cerca de un restaurante. También existe la posibilidad de ir en autobús desde el pueblo de Furore o de Praiano.
El Fiordo de Furore es una estrecha e imponente cala con escarpados acantilados a ambos lados unidos por un puente en forma de arco. Su origen está ligado a la erosión del torrente Schiato, que a lo largo de los siglos ha excavado una profunda garganta en la roca.
Tiene una pequeña playa a la que se accede bajando desde el puente por un serpenteante sendero de escaleras de piedra. El paisaje te deja sin palabras, y sin duda es uno de los lugares más magnéticos que hemos visitado. La fascinación del enclave se ve incrementada por la leyenda que gira en torno a él, que afirma que esta ensenada natural fue creada por el mismísimo Diablo que habría intentado en vano conquistar las almas de los habitantes del lugar.
Después de un intenso día tomamos rumbo a Minori donde nos alojamos en Eden Holliday, un coqueto B&B, en un apartamento completamente equipado con terraza. Pero lo mejor fue el chili out de la parte superior, con ducha, jacuzzi y unas impresionantes vistas del pueblo entre un huerto de limoneros. Tras darnos un merecido baño salimos a recorrer ella localidad.
Minori es un pintoresco pueblo famoso por su rica historia, sus deliciosas especialidades gastronómicas y sus impresionantes vistas al mar. Además, está menos masificado que otros lugares de la Costa Amalfitana, y es ideal para una experiencia más auténtica y relajada.
Las montañas que rodean Minori están cubiertas por limoneros que se han cultivado aquí durante siglos, en los típicos campos en terrazas.
Minori alberga los restos de una villa romana del siglo I a. C. El pueblo, además, tiene una larga tradición religiosa que se ve a cada paso en las numerosas iglesias y altares. Destaca la Catedral de Santa Trofimena, de estilo neoclásico, dedicada a la patrona, Trofimena, cuyo cuerpo llegó milagrosamente a la playa de Minori.
Recorrer el paseo marítimo, en pleno casco antiguo, permite contemplar su pequeña playa de arena gris y numerosos barcos de pescadores. La tranquilidad que emana es fantástica, especialmente al anochecer.
Las calles estrellas tienen rincones que te transportan a otra época con tiendas de artesanía, restaurantes y pizzerías. Nosotros aprovechamos para disfrutar de unas exquisitas pizzas locales.
Contemplar las montañas iluminadas por la noche te invita a soñar.
Comienza un nuevo día y tras desayunar retrocedemos en dirección al emblemático pueblo de la Costa Amalfitana: Amalfi, a escasos 4 km. de Minori, que visitaremos a lo largo de toda la mañana. Amalfi, conocida como “la cuidad blanca”, se encuentra ubicada al final de una profunda garganta a pies del Monte Cerreto, rodeada de imponentes acantilados, con vistas al cristalino mar Tirreno y poseedora de un patrimonio histórico de valor incalculable.
En la antigüedad, Amalfi, llegó a ser la ciudad más rica del sur de Italia. Entre los siglos IX y XI fue la sede de una poderosa república marítima, que quiso ser conquistada por árabes y sarracenos. Se dice que su nombre se debe a la leyenda que narra el amor de Hércules y Amalfi, una preciosa ninfa que robó el corazón del semidiós griego. Hércules y Amalfi se conocieron en uno de sus viajes y se enamoraron profundamente, pero Amalfi enfermó y murió poco después. Hércules, destrozado, se propuso enterrarla en el lugar más hermoso de la tierra y, tras viajar por todo el mundo, lo encontró en la Costa Amalfitana. Sepultó allí a su amor y en ese mismo lugar floreció la preciosa ciudad de Amalfi.
Aparcar en Amalfi es una odisea, así que optamos por dejar el coche en el Parcheggio Luna Rossa por ser la opción más útil, ya que está en la carretera entre Amalfi y Atrani. Desde el parking llegas al Paseo Marítimo caminando durante 7 minutos por la carretera hacia el paseo marítimo contemplando la costa. Si optas por esta opción debes tener cuidado, ya que no hay arcén.
También tienes otra posibilidad más segura, que es atravesar un túnel peatonal que sale del mismo parking y te deja en pleno centro, en la Piazza Municipio. Allí se encuentra el Ayuntamiento, un monumento en honor a los Caídos, rodeado de un gran ancla, cadenas y un cañón, la iglesia de S. Maria Annunziata, fundada en 1349 y típicos edificios de varias plantas, algunos adosados a la parte baja de las murallas rocosas del Monte Aureo sobre las que se encuentran la Torre dello Ziro y el pórtico del cementerio monumental de la ciudad.
A 2 minutos llegamos a la Plaza del Duomo, corazón geográfico, religioso y comercial de Amalfi. En ella se encuentra la bonita fuente de mármol de San Andrés, el santo patrón de la localidad, y la Catedral de San Andrés Apóstol el edificio religioso más importante de Amalfi y uno de los más bonitos de Italia. Construida en el siglo IX, en estilo románico árabe-normando, ha sido remodelada varias veces, añadiendo elementos bizantinos, góticos y barrocos. Forma parte de un Conjunto Monumental que incluye el Claustro del Paraíso y la Basílica de Crucifijo. Su diverso estilo arquitectónico habla del importante pasado que tuvo la ciudad de Amalfi como zona portuaria de comercio en el Mediterráneo, que se puede apreciar en elementos como el campanario, de estilo romanesco, y que tardó un siglo en construirse. Desgraciadamente estaba en estado de restauración. El acceso a la catedral mediante una monumental escalinata es impresionante. Su fachada presenta arcos de mármol blanco y negro, y mosaicos, entre los que destaca el que representa a Cristo rodeado de los Evangelistas, así como las enormes puertas de bronce, talladas en Constantinopla en el año 1060.
En el interior de la basílica, predominan los elementos de estilo barroco. Debajo del altar principal se encuentra la Cripta de San Andrés, que alberga las reliquias del apóstol, llevadas a Amalfi desde Constantinopla en 1206 durante la Cuarta Cruzada. La cripta es una impresionante sala abovedada con exquisitos frescos, una tumba compuesta por una estatua de bronce del santo flanqueada por dos columnas de mármol de Bernini y un rico altar. Sobre la pesada losa de mármol, se puede observar un vial que contiene el maná, un líquido espeso que brota milagrosamente de la tumba del apóstol desde hace 750 años y es muy venerado para los creyentes porque se considera un símbolo de protección y fe. El maná se extrae varias veces al año en fechas señaladas (como el 28 de enero y el 26 de junio) mediante una ampolla de cristal colocada bajo el altar. Sino aparece, se interpreta tradicionalmente como un mal augurio.
Conectando con la catedral se encuentra el Claustro del Paraíso, construido para albergar las tumbas de los nobles de la ciudad. Este claustro porticado destaca por sus arcos y columnas de estilo árabe-normando que rodean un bello jardín mediterráneo.
Desde el claustro se accede a la Basílica del Crucifijo que actualmente acoge el Museo Diocesano, donde se exponen los tesoros de la catedral y algunos frescos del siglo XIII. La entrada a la catedral es gratuita, pero para visitar el claustro, la cripta y el museo hay que pagar 4 €. El horario es de 10:00 a 19:00.
Al salir de la catedral dimos un paseo por la calle comercial Lorenzo d’Amalfi, que es la espina dorsal del pueblo y está repleta de tiendas, heladerías, restaurantes y cafeterías. Nos perdimos por las estrechas calles adyacentes descubriendo rincones preciosos como la Piazza dei Doggi, las callejuelas San Nicola dei Greci, Duca Mastalo II, o las escaleras que salen desde la via Lorenzo D’Amalfi.
Llegamos a la Piazza Spirito Santo que alberga la popular Fontana Cape e Ciucci, una fuente de piedra y mármol del siglo XVIII que antiguamente usaban los burros que venían del mercado para beber agua. En la actualidad está repleta de figuritas que representan un curioso pesebre.
Siguiendo la ruta por via delle Cartiere llegamos en 6 minutos al Museo del Papel o Museo della Carta, situado en un antiguo molino de papel. Amalfi tuvo relaciones comerciales con China y fue una de las pioneras en la producción de papel de la máxima calidad en toda Europa. Durante el recorrido por esta antigua fábrica de papel medieval se pueden ver maquinaria de los siglos XVII y XVIII impulsada por el agua del río Canneto, y experimentar la creación artesanal de papel. El precio es de 5€ y el horario es de 09:00 a 19:00.
Volvemos hacia el centro hasta llegar al paseo marítimo llamado Marina Grande donde se encuentra la playa y el puerto desde donde salen y entran los paseos en barco y cruceros. Antes de seguir, ha llegado el momento de reponer fuerzas con un delicioso cono de fritura de pescado.
Regresamos a la Piazza Municipio desde donde subiremos al mirador del cementerio monumental de la ciudad, Belvedere Cimitero Monumentale, donde se tienen las mejores vistas panorámicas de Amalfi; del pueblo, el puerto y el mar. Se accede subiendo escaleras durante 15 minutos, pero te aseguro que vale la pena porque la caminata es indescriptible. En teoría hay un ascensor desde la plaza que te deja en el cementerio, pero no funcionaba.
El cementerio antiguamente albergó un convento benedictino femenino. En su interior se encuentran las ruinas de una capilla medieval que conserva un fresco del siglo XIV de Cristo impartiendo la bendición, junto a una urna cineraria romana del siglo II d. C.
Desde el cementerio buscamos el sendero peatonal panorámico empedrado que avanza por la parte alta vía Atrani. Recorremos el sendero por unas escaleras que bajan bordeando la montaña durante otros 15 minutos, disfrutando de unas preciosas vistas al mar, hasta llegar hasta la plaza principal del centro histórico de Atrani. Sinceramente este recorrido entre Amalfi y Atrani me dejo sin palabras por la belleza que descubrí a cada paso.
Atrani es el pueblo más pequeño de Italia en superficie, un burgo medieval de laberínticos callejones, escalinatas empinadas y casas tradicionales encajadas entre el mar y los acantilados, situado a menos de un kilómetro de Amalfi. Rico en historia, atestigua el paso de los muchos pueblos que lo poblaron, como etruscos, romanos griegos, normandos, etc., conservando el auténtico ambiente de pueblo pesquero del sur de Italia.
El corazón y centro neurálgico del pueblo es la Piazza Umberto I., rodeada de cafés locales. Accedemos a la plaza por el Supportico S. Andrea un pasadizo abovedado histórico que formaba parte del antiguo sistema defensivo contra los ataques de piratas sarracenos.
Ubicada en la misma plaza principal se encuentra la Iglesia de San Salvatore de Birecto que destaca por su arquitectura medieval y su importancia histórica como antiguo lugar de coronación de los duques de Amalfi.
A 4 minutos caminando descubrimos la Iglesia de Santa María Maddalena, icono visual de Atrani que se alza sobre un saliente rocoso con su característica fachada barroca y su campanario, dominando toda la panorámica de la bahía.
Recorrer las calles de Atrani te atrapa en un tiempo pasado. Sin lugar a dudas, es uno de los rincones más auténticos de la Costa Amalfitana.
La playa de Atrani es una pequeña cala de arena fina dividida por el curso del río Dragone, flanqueada por acantilados y con zonas de baño libres y de pago.
Atrani es un lugar que apuesta por la exhibición de arte en espacios públicos. Tuvimos la ocasión de disfrutar de una maravillosa colección esculturas en el paseo marítimo.
Regresamos de vuelta al parking caminando unos 12 minutos por la carretera, pasando por una Torre Saracena, convertida en hotel y con unas magníficas vistas de Amalfi.
Adjunto el mapa con nuestra ruta por Amalfi y Atrani.
Es el momento de ir hacia otro pueblo emblemático de la Costa Amalfitana: Vietri Sul Mare, que se encuentra a 20 km. de Atrani. Seguimos por la carretera SS163 pasando de nuevo por Minori, y otros pueblos característicos de la zona como Maiori, Erchie y Cetara. En el camino encontramos preciosas calas escarpadas de agua cristalina.
Entrando al pueblo hacia el paseo marítimo vemos dos grandes rocas en medio del mar, llamadas rocas hermanas, famosas por la leyenda de Roda. Cuenta como dos hermanos pastores se zambulleron en el mar con sus ovejas para salvar a una joven mujer, perdiendo la vida. Esa mujer era la ninfa Roda, hija de Neptuno. Roda, conmovida por este valiente gesto pidió a su padre que no dejara caer el valiente gesto de los pastores en el olvido. Neptuno atendió la súplica de Roda y transformó los cuerpos de los dos hermanos en las dos rocas calcáreas que hoy vigilan la costa de Vietri, mientras que los pequeños peñascos que los rodean representan las ovejas de su rebaño.
Vietri Sul Mare es un pueblo costero conocido en todo el mundo por su apreciada artesanía de cerámica, de vibrantes colores, cuyos primeros testimonios datan del Siglo XV.
Al llegar al pueblo nos fuimos directos a Marina di Vietri para darnos un baño en la playa. La mayoría de las playas de la Costa Amalfitana, son de arena oscura y guijarros, por lo que es recomendable llevar cangrejeras. Una vez refrescados nos vamos al centro del pueblo y dejamos el coche el el parking de la Piazza Matteotti. Esta plaza es la puerta de entrada a la localidad, flanqueada por palacios nobiliarios de los siglos XVII y XVIII, así como diversas obras de arte en cerámica. El tema típico de Vietri es el burro, que se remonta al año 800, símbolo de toda la Costa de Amalfi, ya que antiguamente fue el medio de transporte de hombres y mercancías.
Desde su mirador se contemplan unas vistas espectaculares de los pueblos de la ladera de Vietri, que se extienden hasta Cetara y Erchie.
Una de las mejores cosas que hacer en Vietri sul Mare, es perderse por las calles del centro histórico desde la Plaza Matteotti, que es relativamente pequeño, y se recorre en un par de horas.
Bajamos hacia via Diego Taiani y via San Giovanni que sorprenden por sus paredes llenas de azulejos pintados y sus curiosas tapas de alcantarilla, que representan la vida de los habitantes y sus tradiciones. Es fácil, encontrar artesanos realizando pequeñas obras de arte en sus talleres.
Llegamos a la iglesia de San Giovanni Battista, considerada el principal templo religioso de la ciudad, que posee una espectacular cúpula revestida de mayólica pintada de azul, verde y amarillo. Reconstruida en el siglo XVII en estilo renacentista tardío napolitano, destaca el frontón triangular coronando su fachada, que recuerda a un templo antiguo, mientras que en su interior se esconden bellos frescos, un altar de mayólica y un políptico de la Virgen de la Leche.
De la Iglesia regresamos al parking por la calle comercial el Corso Umberto I, repleta de tiendas de cerámica, souvenirs y restaurantes, descubriendo pintorescos callejones.
Y aquí finaliza nuestro viaje por la espectacular Costa Amalfiltana, una experiencia inolvidable y de una belleza exquisita, en la mejor compañía.
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